
Los Bolillos: las esculturas volcánicas de hasta 15 metros que el viento y el agua modelaron en Neuquén
RedacciónA primera vista parecen esculturas.
Grandes columnas de piedra emergen del paisaje árido, algunas aisladas y otras agrupadas en formas que cambian según el lugar desde donde se las observe.
Pero ningún ser humano las construyó.
En el norte de Neuquén, cerca de Varvarco, el Área Natural Protegida Los Bolillos conserva un paisaje modelado durante miles de años por procesos geológicos y por la acción constante del agua y el viento.
Algunas de sus formaciones alcanzan aproximadamente 15 metros de altura.
El lugar, conocido desde hace tiempo por pobladores y visitantes de la región, ingresó formalmente al sistema provincial de áreas protegidas en 2023.
Ahora comienza otra etapa: estudiar cómo ordenar el acceso y desarrollar infraestructura sin alterar aquello que justamente se busca conservar.
Rocas nacidas de antiguas erupciones
Para entender Los Bolillos hay que retroceder en el tiempo geológico.
Las formaciones características del lugar están compuestas principalmente por ignimbritas, un tipo de roca volcánica.
Estas rocas pueden originarse a partir de enormes flujos de materiales calientes —cenizas, fragmentos de roca y gases— expulsados durante episodios volcánicos explosivos.
Al depositarse y consolidarse, esos materiales forman capas que posteriormente quedan expuestas a los procesos de erosión.
Ahí comienza una transformación mucho más lenta.
Durante miles de años, el viento, las precipitaciones, los cambios de temperatura y el escurrimiento del agua actúan sobre las rocas.
Las partes más resistentes permanecen mientras otras se desgastan con mayor rapidez.
El resultado son columnas, torres y figuras irregulares que pueden parecer deliberadamente talladas.
En realidad, son el resultado de una combinación entre volcanismo y erosión.
El agua y el viento como escultores
La erosión no ocurre de un día para otro.
Cada lluvia puede arrastrar pequeñas partículas. El agua busca fisuras y zonas más débiles. El viento transporta sedimentos que también desgastan las superficies expuestas.
A esto se suman las grandes diferencias de temperatura propias de ambientes áridos y de montaña.
Con el paso del tiempo, pequeñas fracturas pueden ampliarse y algunos sectores de la roca desaparecer mientras otros permanecen en pie.
Así se forman estructuras que hoy pueden alcanzar varios metros de altura.
El paisaje actual de Los Bolillos es, por lo tanto, apenas una fotografía dentro de un proceso que continúa.
Las mismas fuerzas que construyeron visualmente estas formas siguen modificándolas.
Mucho más que un paisaje geológico
Aunque sus grandes estructuras de roca son el elemento más llamativo, la protección de Los Bolillos no se limita a la geología.
El área conserva también vegetación y fauna características del norte neuquino, además de elementos de valor arqueológico y cultural.
En el sector existen registros de pinturas rupestres, una evidencia de la presencia y utilización humana de estos territorios mucho antes de que fueran considerados un atractivo turístico.
La combinación de patrimonio geológico, biodiversidad y vestigios culturales explica por qué la conservación del lugar requiere una mirada más amplia que la simple protección de las formaciones rocosas.
Una visita mal manejada puede afectar no solamente una roca.
Puede producir erosión de senderos, acumulación de residuos, perturbación de fauna, daños sobre vegetación o deterioro de sitios arqueológicos.
Un área protegida joven
Los Bolillos fue incorporado formalmente al sistema provincial de áreas naturales protegidas en 2023.
Eso lo convierte en una de las áreas protegidas más recientes de Neuquén.
La creación de un área protegida, sin embargo, es apenas el comienzo.
Después aparece el desafío de definir cómo será gestionada: qué sectores requieren mayor protección, por dónde podrán circular los visitantes, qué actividades serán permitidas, qué infraestructura será necesaria y cuántas personas puede recibir el ambiente sin comenzar a deteriorarse.
Actualmente, Los Bolillos todavía no cuenta con infraestructura turística consolidada.
La Provincia trabaja en la planificación del área y entre los aspectos que deberán analizarse aparecen los accesos, la seguridad, los residuos, la prevención del vandalismo y la capacidad de carga turística.
¿Qué significa capacidad de carga?
No todos los ambientes pueden recibir la misma cantidad de visitantes.
La capacidad de carga intenta determinar qué nivel de uso puede soportar un lugar sin que la actividad produzca impactos ambientales o culturales inaceptables.
Y no se trata únicamente de contar personas.
También importa dónde caminan, cuánto tiempo permanecen, qué actividades realizan, en qué época del año llegan y qué tan frágil es el ambiente.
Cien visitantes distribuidos en senderos correctamente diseñados pueden generar un impacto diferente al de cien personas caminando libremente sobre vegetación sensible o alrededor de un sitio arqueológico.
Por eso, en ambientes naturales frágiles, desarrollar turismo y conservar no necesariamente son objetivos incompatibles, pero requieren planificación.
Conocer sin deteriorar
Los Bolillos forma parte de una región del norte neuquino que en los últimos años comenzó a recibir mayor interés turístico.
Eso puede generar oportunidades para las comunidades cercanas y ayudar a que más personas conozcan el patrimonio natural de la provincia.
Pero también aumenta la responsabilidad de manejar adecuadamente el lugar.
La apertura de caminos, estacionamientos, sanitarios, senderos o miradores puede mejorar la experiencia de los visitantes y, al mismo tiempo, concentrar el tránsito en sectores preparados para recibirlo.
Sin planificación, en cambio, el aumento de visitantes puede multiplicar senderos informales, residuos y daños difíciles de revertir.
La conservación de un área protegida no significa necesariamente impedir que las personas ingresen.
Significa decidir cómo hacerlo sin destruir aquello que fueron a conocer.
Un paisaje que todavía está cambiando
Las figuras de Los Bolillos pueden parecer inmóviles.
Pero geológicamente no lo están.
El viento continúa actuando sobre ellas. El agua sigue recorriendo las grietas. Las temperaturas continúan expandiendo y contrayendo los materiales.
Algún día, algunas de las columnas que hoy permanecen en pie cambiarán de forma o desaparecerán.
Y otras estructuras comenzarán lentamente a quedar expuestas.
Esa transformación forma parte de la historia natural del lugar.
La diferencia está en los cambios provocados por las personas.
Mientras la erosión natural es parte de la evolución del paisaje, los impactos asociados a residuos, vandalismo, circulación desordenada o daño sobre sitios arqueológicos pueden prevenirse.
Los Bolillos guarda así dos escalas de tiempo muy diferentes.
Una comenzó hace miles de años, cuando antiguos procesos volcánicos dejaron los materiales que el agua y el viento terminarían esculpiendo.
La otra acaba de empezar: cómo conservar ese paisaje mientras cada vez más personas descubren que existe.
Fuentes


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