
La ranita patagónica: el pequeño anfibio que no existe en ningún otro lugar del mundo
RedacciónHay animales capaces de representar un territorio entero sin que la mayoría de sus habitantes alguna vez los haya visto.
Uno de ellos mide alrededor de cinco centímetros, vive entre piedras y plantas sumergidas y tiene una particularidad que convierte a Neuquén en su único hogar natural conocido.
Es la ranita patagónica o rana acuática de Laguna Blanca (Atelognathus patagonicus), un anfibio endémico cuya distribución está restringida al sistema de pequeñas lagunas del Parque Nacional Laguna Blanca y sectores de sus alrededores, en el centro de la provincia.
No existe naturalmente en ninguna otra parte del planeta.
Y esa exclusividad también representa su mayor vulnerabilidad.
Una rana hecha para vivir en el agua
La ranita patagónica tiene características muy particulares.
Los adultos alcanzan aproximadamente 50 milímetros, presentan un dorso grisáceo o marrón oliva con manchas oscuras y una zona ventral anaranjada. Sus patas posteriores tienen los dedos completamente palmeados, una adaptación vinculada con su vida acuática.
Habita pequeñas lagunas de origen basáltico, donde puede encontrarse nadando cerca del fondo entre piedras y vegetación acuática.
Su alimentación incluye artrópodos acuáticos y especialmente pequeños anfípodos del género Hyalella. Durante la primavera y el verano desarrolla una actividad reproductiva extendida y deposita sus huevos adheridos a plantas acuáticas.
Ese vínculo tan estrecho con las lagunas ayuda a entender por qué cualquier transformación de esos ambientes puede afectarla rápidamente.
¿Dónde vive?
Aunque suele conocerse como rana de Laguna Blanca, hay una particularidad importante.
La especie desapareció de la propia Laguna Blanca, el gran cuerpo de agua que da nombre al Parque Nacional, pero logró sobrevivir en otras lagunas menores del sistema.
El Sistema de Información de Biodiversidad de Parques Nacionales registra actualmente poblaciones en las lagunas Antiñir, Verde y Jabón, dentro del Parque Nacional, y en del Burro, del Tero y de los Flamencos, de jurisdicción provincial.
Es una distribución extraordinariamente pequeña para una especie.
Y eso significa que conservar cada uno de esos humedales puede resultar decisivo para su supervivencia.
¿Qué pasó en Laguna Blanca?
La historia de la ranita también muestra cómo la introducción de especies puede transformar un ecosistema.
Laguna Blanca originalmente no tenía peces. Con el tiempo fueron introducidas distintas especies con fines pesqueros, entre ellas percas y truchas.
La presencia de peces modificó profundamente el ambiente.
El plan de gestión del Parque Nacional documentó cambios en el fitoplancton, una fuerte disminución de la vegetación acuática, pérdida de diversidad de invertebrados y alteraciones en las comunidades de aves. También registró la desaparición de la población de Atelognathus patagonicus de la laguna principal.
Investigaciones sobre la especie encontraron además una relación contundente: las ranitas aparecían en lagunas sin percas y con abundante vegetación acuática.
Por eso, el problema no fue solamente que los peces pudieran alimentarse de determinados organismos. Su introducción terminó modificando buena parte de la estructura ecológica del humedal.
Una especie en situación delicada
El Sistema de Información de Biodiversidad de Parques Nacionales registra a la ranita patagónica como En Peligro de Extinción según la categorización argentina y como En Peligro Crítico en la actualización que incorpora de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
A la introducción de peces se suman otros factores.
Parques Nacionales ha señalado que algunas de las poblaciones pequeñas y aisladas sobreviven en ambientes afectados por el ganado transhumante y por episodios cada vez más frecuentes de desecación de las lagunas, asociados a cambios en las condiciones climáticas.
La dependencia de unos pocos cuerpos de agua hace que esas alteraciones tengan una relevancia especial.
Si una especie está distribuida por miles de kilómetros, la pérdida de un ambiente puede afectar solamente una fracción de su población. Cuando todo su mundo está concentrado en unas pocas lagunas, cada una cuenta.
El desafío de volver a Laguna Blanca
La conservación de la ranita no consiste solamente en proteger las poblaciones que todavía sobreviven.
Existe además un proyecto con un objetivo mucho más ambicioso: lograr que regrese a Laguna Blanca.
La Administración de Parques Nacionales, Fundación Temaikèn y equipos científicos de la Universidad Nacional de La Plata-CONICET comenzaron un programa destinado a trabajar en la recuperación poblacional de la especie y avanzar hacia su eventual recolonización.
El proyecto contempla el mantenimiento y reproducción de ejemplares bajo cuidado humano, capacitación técnica y la posibilidad de utilizar individuos para recuperar poblaciones en cuerpos de agua donde desaparecieron o están en riesgo.
Los primeros intentos realizados en instalaciones del Parque Nacional permitieron mantener ejemplares fuera de su ambiente natural, aunque en aquella etapa no se había conseguido reproducirlos exitosamente.
La iniciativa muestra también que recuperar una especie no significa simplemente liberar animales.
Para que una reintroducción pueda funcionar, primero debe existir un ecosistema capaz de recibirlos.
Una pequeña rana que cuenta una historia mucho más grande
El Parque Nacional Laguna Blanca protege 11.250 hectáreas de estepa y humedales del centro neuquino. Su laguna principal tiene alrededor de 1.700 hectáreas y el sistema constituye un ambiente fundamental para aves migratorias y otras especies de fauna patagónica.
Dentro de ese paisaje, la ranita patagónica ocupa apenas una fracción diminuta.
Pero su historia permite observar algo mucho más grande.
Una especie introducida puede alterar una cadena ecológica completa. Una laguna pequeña puede convertirse en el último refugio de una especie. Y proteger la biodiversidad no siempre significa conservar grandes animales o extensos bosques: algunas veces significa evitar que desaparezca un anfibio de cinco centímetros que solo encontró su lugar en el mundo en un puñado de lagunas neuquinas.
Fuentes
Sistema de Información de Biodiversidad de Parques Nacionales — Atelognathus patagonicus
Gobierno de Neuquén — La ranita patagónica, un tesoro natural exclusivo de Neuquén
Administración de Parques Nacionales — Proyecto de recuperación de la ranita patagónica


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