
La triquinosis también circula en la fauna silvestre: qué está investigando Neuquén más allá del jabalí
RedacciónCuando se habla de triquinosis, la primera asociación suele ser con el cerdo y, especialmente en la Patagonia, con el jabalí.
Sin embargo, el parásito que provoca la enfermedad puede circular entre muchas otras especies silvestres.
En Neuquén, investigadores del Centro de Ecología Aplicada del Neuquén (CEAN) están ampliando la búsqueda para conocer mejor qué ocurre con Trichinella en la fauna que habita el territorio provincial.
Desde su sede en Junín de los Andes, profesionales realizan relevamientos de campo, toman muestras de animales silvestres y posteriormente las analizan en laboratorio.
El objetivo es avanzar en el conocimiento sobre la presencia y circulación del parásito y comprender mejor su relación con las diferentes especies que forman parte de los ecosistemas neuquinos.
La búsqueda ya no se limita al jabalí
El jabalí ocupa un lugar importante en la vigilancia de la triquinosis porque puede ser portador del parásito y su carne es consumida por personas.
Pero no es el único animal capaz de hospedarlo.
Por eso, el CEAN decidió ampliar la vigilancia a las distintas especies silvestres que sus equipos encuentran, recuperan o muestrean durante los trabajos de campo.
Las muestras pueden obtenerse mediante relevamientos previamente planificados o a partir de oportunidades que aparecen durante las recorridas por el territorio.
Luego son trasladadas al laboratorio, donde se realizan los análisis correspondientes para detectar triquinelosis.
Esta ampliación permite empezar a construir una imagen más completa de cómo circula el parásito dentro de los ambientes naturales de Neuquén.
Por el momento, la información difundida por el organismo provincial no detalla qué especies fueron analizadas, cuántas muestras se procesaron ni resultados de prevalencia, por lo que el trabajo debe entenderse como parte de una investigación y vigilancia en desarrollo.
¿Qué es la triquinosis?
La triquinosis —también denominada trichinellosis o triquinelosis— es una enfermedad parasitaria provocada por nematodos del género Trichinella.
Sus larvas pueden alojarse en los músculos de distintos animales.
En Argentina, la principal fuente de infección humana continúa siendo la carne de cerdo, pero el parásito también ha sido identificado en fauna silvestre.
Entre los hospedadores registrados en el país aparecen especies como jabalíes, pumas, gatos monteses, zorros grises, zorrinos, hurones, peludos, comadrejas y algunos roedores.
En la naturaleza, el ciclo puede mantenerse cuando animales carnívoros, omnívoros o carroñeros consumen tejidos de otros animales infectados.
Por eso, la circulación de Trichinella no comienza ni termina necesariamente en los animales domésticos.
Una enfermedad que conecta fauna y personas
La triquinosis es una zoonosis, es decir, una enfermedad que puede transmitirse de los animales a las personas.
La infección humana ocurre principalmente al consumir carne cruda o insuficientemente cocida que contiene larvas viables del parásito.
Esto explica por qué la vigilancia sobre animales silvestres tiene también importancia sanitaria.
En provincias como Neuquén, Río Negro, La Pampa y Buenos Aires existen actividades de caza regulada de jabalí, una especie exótica invasora que además puede generar impactos sobre ambientes naturales y actividades productivas.
Cuando la carne obtenida de estos animales se destina al consumo, debe ser analizada previamente.
La presencia de Trichinella no puede reconocerse observando la carne: un animal infectado puede no mostrar signos evidentes y el producto no necesariamente cambia de aspecto, olor, color o sabor.
El análisis es la única manera de saberlo
Para detectar el parásito se utiliza la técnica de digestión artificial, realizada en laboratorios habilitados.
El análisis permite determinar si existen larvas de Trichinella antes de consumir la carne.
Las autoridades sanitarias recomiendan realizarlo en cada animal faenado destinado al consumo, especialmente cuando se trata de cerdos, jabalíes u otras especies silvestres susceptibles.
También existe una recomendación importante para quienes realizan actividades de caza: no abandonar las carcasas y restos de animales en el campo.
Si esos tejidos contienen larvas y son consumidos por otros animales, el parásito puede continuar circulando en el ambiente.
La salazón y el ahumado tampoco garantizan la eliminación de Trichinella. Por eso, los productos elaborados artesanalmente con carne sin analizar pueden representar un riesgo.
¿Por qué importa saber qué ocurre en animales que no comemos?
Porque estudiar la fauna permite conocer mucho más que el riesgo asociado directamente al consumo de una determinada especie.
Los animales forman parte de redes ecológicas.
Un depredador consume determinadas presas; un carroñero aprovecha restos de otros animales; algunas especies comparten territorios con fauna doméstica y otras se desplazan entre ambientes naturales y zonas intervenidas por las personas.
Seguir la presencia de un parásito en esas redes ayuda a comprender cómo circula, qué especies pueden participar de su ciclo y en qué ambientes aparece.
Esa información puede ser utilizada posteriormente para orientar vigilancia sanitaria, investigación científica y estrategias de manejo.
Es una forma de mirar la enfermedad no únicamente desde el paciente humano o desde un animal doméstico, sino desde el ecosistema completo.
Una mirada que integra ambiente, animales y salud
Este tipo de investigación se relaciona con el concepto conocido como Una Salud (One Health).
La idea parte de algo relativamente simple: la salud humana, la salud animal y la salud de los ecosistemas están conectadas.
Los cambios en el ambiente pueden modificar la distribución de animales y patógenos; las actividades humanas pueden aumentar o disminuir el contacto entre especies; y algunas enfermedades pueden circular entre fauna silvestre, animales domésticos y personas.
Por eso, conocer qué sucede en los ambientes naturales también puede aportar información para prevenir problemas sanitarios.
En el caso de la triquinosis, estudiar únicamente los casos humanos permitiría conocer una parte de la historia.
Analizar los animales que participan del ciclo permite intentar entender qué ocurre antes.
Las muestras también sirven para otras investigaciones
El trabajo que realiza el CEAN tiene otra particularidad.
No todas las muestras recolectadas terminan siendo utilizadas exclusivamente para estudiar triquinosis.
El organismo neuquino trabaja de manera articulada con laboratorios e instituciones científicas públicas de diferentes lugares del país.
Mientras que en las instalaciones del CEAN se realizan los análisis específicos para detectar triquinelosis, otras muestras obtenidas durante los relevamientos pueden enviarse a centros especializados para diferentes líneas de investigación.
De esta manera, una misma salida de campo puede generar información útil para distintos estudios sobre la fauna y los ecosistemas provinciales.
Conocer lo que circula antes de que se convierta en un problema
La vigilancia de enfermedades en fauna silvestre no significa que exista un brote ni que los animales estudiados estén necesariamente infectados.
Su importancia está justamente en buscar información antes de que aparezca una emergencia.
Saber qué patógenos circulan, en qué especies y en qué lugares permite construir conocimiento de base y detectar cambios a lo largo del tiempo.
Desde Junín de los Andes, el trabajo del CEAN suma una pieza a ese mapa.
La triquinosis deja así de ser solamente una enfermedad asociada al cerdo o al jabalí para convertirse también en una ventana hacia algo más amplio: las conexiones invisibles que existen entre la fauna, los ecosistemas y nuestra propia salud.
Fuentes


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