
Hidrógeno verde en Argentina, la revolución que no arranca

Argentina, con su viento patagónico y su sol del norte, tiene todo para ser un gigante del hidrógeno verde, pero los proyectos avanzan a paso lento mientras países vecinos como Chile, Brasil y Uruguay pisan el acelerador.
A pesar de anuncios millonarios, como los 8.000 millones de dólares Fortescue en Río Negro en 2021 y los 500 millones de dólares de MMEX Resources en Tierra del Fuego en 2022, el desarrollo del combustible limpio clave para la transición energética sigue estancado.
El contraste es evidente. Chile cerró 2024 con inversiones por 25.617 millones de dólares en hidrógeno verde, Brasil avanza con el proyecto Pecém de Fortescue (168.000 toneladas anuales), y Uruguay construye una planta en Fray Bentos con 38 millones de dólares.
En Argentina, sin embargo, los avances son tímidos. Fortescue adquirió derechos para un parque eólico en Cerro Policía, Río Negro, con posible anuncio en 2026, y firmó un memorándum en Santa Cruz para una refinería en 2024. "Nuestra provincia tiene las condiciones naturales para liderar el desarrollo del hidrógeno verde. La llegada de inversores y organismos internacionales demuestra el enorme potencial que tenemos. Queremos que estos proyectos generen producción y empleo con una fuerte mirada de sostenibilidad a largo plazo”, afirmó hace unos días el gobernador santacruceño, Claudio Vidal.
También Chubut se sumó a la lista de anuncios. Hace unos meses, el gobernador Ignacio Torres aseguró que junto a la empresa polaca Green Capital se avanzaba “en una agenda de trabajo conjunta” para desarrollar una inversión de más de 10.000 millones de dólares vinculada a proyectos de hidrógeno verde.
¿Qué pasa con las inversiones?
Hay anuncios en danza, pero todo parece marchar a ritmo aletargado. Según expertos, el principal obstáculo es la inseguridad jurídica y macroeconómica. Juan Cruz Azzarri, socio de MHR Abogados, señala dos problemas en declaraciones a Reuters: la incertidumbre sobre quién comprará el hidrógeno a largo plazo y un marco regulatorio insuficiente.
Aunque el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) es un paso positivo, se necesitan plazos más flexibles para proyectos de esta escala.
Mientras, el contexto global tampoco ayuda. Los altos costos del hidrógeno verde y la madurez lenta del mercado han pausado inversiones en todo el mundo. En Argentina, el potencial sigue intacto, pero sin reglas claras ni estabilidad económica, el sueño del hidrógeno verde sigue siendo eso: un sueño que otros ya están haciendo realidad.


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