
Los ríos del mundo tuvieron uno de sus años más secos en 35 años
RedacciónNo se trata solamente de sequías. Tampoco de inundaciones aisladas. El comportamiento del agua dulce en el planeta está mostrando señales cada vez más difíciles de encajar dentro de los patrones conocidos.
Durante 2025, los ríos del mundo atravesaron uno de sus años más secos de las últimas tres décadas y media, según el nuevo informe State of Global Water Resources 2025, publicado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
El organismo analizó el ciclo hidrológico global utilizando observaciones terrestres, información satelital y modelos hidrológicos. La evaluación incluye caudales de ríos, aguas subterráneas, almacenamiento de agua terrestre, nieve, hielo, evapotranspiración y eventos extremos.
El resultado muestra un sistema sometido a cambios importantes: en algunos lugares falta agua y en otros sobra, mientras los períodos considerados normales son cada vez menos frecuentes.
El 36% de las cuencas tuvo menos agua de lo habitual
Uno de los datos centrales aparece en los ríos.
Durante 2025, el 36% de la superficie de las cuencas fluviales del mundo presentó caudales inferiores o muy inferiores a los valores normales.
La estimación surge de simulaciones realizadas con 13 modelos hidrológicos globales alimentados con datos meteorológicos observados y contrastados, cuando existen registros disponibles, con estaciones de medición.
Las condiciones más secas aparecieron en grandes regiones de América del Norte, Europa oriental, Medio Oriente, Asia Central y África.
Sudamérica tampoco quedó al margen: partes de las cuencas del Río de la Plata y del São Francisco registraron caudales por debajo de lo habitual.
Sin embargo, el mapa mundial no muestra una sequía uniforme.
El sur y sudeste de Asia, sectores del norte de Sudamérica y algunas cuencas africanas tuvieron caudales superiores a lo normal.
Y justamente allí aparece una de las principales conclusiones del informe.
Cada vez cuesta más hablar de un año “normal”
El problema no es simplemente que 2025 haya sido seco.
La OMM encontró una tendencia que se repite desde hace varios años: la proporción de ríos con caudales considerados normales está disminuyendo.
Entre 1991 y 2020, aproximadamente el 46% de las cuencas presentaba en un año determinado condiciones dentro del rango normal.
Durante los últimos siete años, esa proporción se ubicó solamente entre 34% y 38%.
En otras palabras, los ríos están pasando más tiempo en alguno de los extremos: con demasiada o con demasiado poca agua.
La OMM describe esta situación como un ciclo hidrológico cada vez más errático e impredecible.
No son solamente los ríos
El informe amplía la mirada hacia las reservas de agua dulce del planeta.
El almacenamiento terrestre de agua —que contempla distintas reservas continentales— mantiene una tendencia descendente desde aproximadamente 2014-2016.
Las aguas subterráneas muestran otra señal preocupante. Durante 2025, cerca de dos tercios de los pozos monitoreados a nivel mundial presentaron condiciones fuera de sus valores históricos habituales, con una mayor inclinación hacia situaciones deficitarias que durante 2024.
La relevancia de esas reservas es enorme.
Ríos, acuíferos, nieve y glaciares funcionan de distintas maneras como amortiguadores naturales: almacenan agua durante determinados períodos y permiten disponer de ella cuando las precipitaciones disminuyen.
Cuando esas reservas pierden capacidad, las sequías pueden volverse más difíciles de afrontar.
Los glaciares volvieron a perder hielo
La criósfera aporta otra de las señales más contundentes.
Por cuarto año consecutivo, todas las grandes regiones glaciadas del planeta perdieron masa de hielo durante 2025.
La pérdida estimada fue de aproximadamente 408 gigatoneladas de hielo durante el año hidrológico 2025.
Ese volumen contribuyó alrededor de 1,1 milímetros al aumento del nivel medio global del mar.
Si se toman conjuntamente 2023, 2024 y 2025, los glaciares perdieron alrededor de 1.400 gigatoneladas de hielo.
Pero la pérdida de glaciares tiene otra consecuencia menos evidente.
Muchas poblaciones dependen del agua de deshielo durante las temporadas cálidas y secas. Cuando un glaciar se reduce demasiado puede alcanzar lo que los científicos denominan “peak water” o pico de agua: después de ese punto, incluso con temperaturas elevadas, comienza a aportar menos agua porque simplemente queda menos hielo disponible para derretirse.
Algunas regiones con glaciares pequeños ya muestran señales de haber alcanzado esa etapa.
Sudamérica muestra un panorama mixto
El informe también permite evitar una lectura demasiado simplificada del escenario mundial.
En 2025, algunas regiones de Sudamérica mostraron una recuperación parcial del almacenamiento de agua después de déficits severos acumulados durante varios años.
Al mismo tiempo, el análisis de los últimos cinco años encontró caudales reiteradamente inferiores a lo normal en grandes sectores de las cuencas del Amazonas y del Río de la Plata.
La combinación refleja justamente el fenómeno que la OMM intenta destacar: el desafío no es solamente cuánta agua existe, sino cuándo aparece, dónde se encuentra y con qué intensidad se producen los extremos.
Demasiada agua también puede ser un problema
Puede parecer contradictorio hablar de ríos secos durante una semana en la que sectores de la cordillera neuquina atraviesan lluvias intensas.
En realidad, ambos fenómenos ayudan a entender el mismo concepto.
Un ciclo del agua más irregular puede alternar períodos prolongados de déficit con episodios de precipitaciones intensas capaces de provocar inundaciones, crecidas o deslizamientos.
Eso no significa que cada temporal o cada sequía individual pueda atribuirse directamente al cambio climático. Para establecer esa relación en un evento concreto hacen falta estudios específicos de atribución.
Lo que sí observa la OMM a escala global es una alteración sostenida en la distribución del agua y un aumento de la irregularidad del ciclo hidrológico.
El agua también es una cuestión de información
El informe deja además un problema menos visible: todavía existen grandes diferencias entre países en la capacidad de observar qué está pasando con sus recursos hídricos.
La disponibilidad de datos mejoró, pero siguen existiendo vacíos importantes precisamente en algunas de las regiones más afectadas.
Durante los últimos cinco años, Asia y África concentraron al menos la mitad de los eventos extremos relacionados con el agua registrados y más del 80% de las muertes asociadas reportadas.
Medir caudales, niveles de acuíferos, nieve, glaciares y precipitaciones no es solamente una tarea científica. Esa información permite anticipar sequías e inundaciones, gestionar embalses, planificar el abastecimiento y construir sistemas de alerta temprana.
El informe de 2025 deja así una advertencia que trasciende aquel año: la normalidad hidrológica está siendo cada vez menos frecuente, mientras conocer y administrar las reservas de agua se vuelve una pieza central para la adaptación a un clima cambiante.
Fuentes
Organización Meteorológica Mundial — State of Global Water Resources 2025
OMM — Comunicado sobre las tendencias recientes de los recursos hídricos
Global Runoff Data Centre — análisis del informe 2025
Copernicus Emergency Management Service — recursos hídricos globales 2025


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