
¿Está Neuquén preparada para lluvias cada vez más intensas?
RedacciónLas lluvias volvieron a poner a Neuquén frente a una pregunta que aparece cada vez que el agua cae con intensidad: ¿qué tan preparada está la ciudad para recibir grandes volúmenes de precipitación en poco tiempo?
La cuestión no es solamente meteorológica. En una ciudad atravesada por bardas, cuencas naturales, canales y una urbanización que se expandió con fuerza durante las últimas décadas, la manera en que se conduce el agua resulta fundamental para reducir anegamientos y otros impactos.
Este lunes 12 de octubre, distintas zonas de la provincia estuvieron bajo alertas amarilla y naranja por tormentas. El pronóstico advertía sobre lluvias abundantes en períodos cortos, actividad eléctrica, granizo y ráfagas. Para las áreas bajo alerta naranja se estimaban acumulados de entre 20 y 50 milímetros, con posibilidad de superar esos valores de manera puntual.
Este martes 13, las condiciones continúan bajo seguimiento y el Servicio Meteorológico Nacional mantiene advertencias por lluvias en sectores de Neuquén.
Una ciudad al pie de las bardas
Para entender el problema hay que mirar primero el territorio.
Buena parte del agua que cae sobre las bardas y las cuencas ubicadas al norte y oeste de la capital termina desplazándose hacia sectores más bajos. Cuando las precipitaciones son intensas, ese escurrimiento puede concentrarse rápidamente.
No es un fenómeno nuevo.
La propia historia de Parque Norte muestra hasta qué punto la relación entre las bardas y el agua forma parte de la planificación de Neuquén. El bosque protector comenzó a desarrollarse en la década de 1960, entre otros objetivos, para prevenir y controlar movimientos aluvionales provocados por lluvias torrenciales que descendían desde las bardas hacia el área urbana.
También existen otros espacios que cumplen funciones ambientales vinculadas al manejo del agua. La Laguna San Lorenzo, por ejemplo, además de ser un humedal urbano, funciona como área de contención durante episodios de lluvias torrenciales y forma parte del sistema pluvioaluvional Rhode.
Cuando la ciudad crece, también cambia el recorrido del agua
Al factor natural se suma otro elemento: la expansión urbana.
Calles, viviendas, veredas y superficies impermeables modifican la capacidad del suelo para absorber precipitaciones y aumentan el volumen de agua que debe ser conducido por los sistemas de drenaje.
Investigaciones realizadas desde la Universidad Nacional del Comahue vienen estudiando esta relación entre urbanización y riesgo hídrico en distintos sectores de la capital.
Un trabajo desarrollado en el sector Los Pumas, en Confluencia, analizó mediante herramientas de información geográfica y modelos hidráulicos cómo las lluvias y el crecimiento urbano pueden generar situaciones críticas de escurrimiento. El estudio planteó la necesidad de adecuar obras existentes y desarrollar nueva infraestructura para reducir los riesgos.
Neuquén tiene, además, antecedentes que muestran la dimensión que pueden alcanzar los eventos extremos. En marzo de 1975 se registraron alrededor de 150 milímetros en dos días, mientras que las precipitaciones de 2014 alcanzaron aproximadamente 200 milímetros en seis días, con importantes sectores de la ciudad afectados.
Una obra de más de $24.000 millones
En este contexto, la Provincia anunció recientemente la licitación para ampliar el Colector Pluvioaluvional del Oeste, una de las infraestructuras destinadas a conducir el agua que llega desde las cuencas aluvionales de ese sector de la capital.
El proyecto cuenta con un presupuesto oficial de $24.158 millones, a valores de mayo de 2026, y un plazo previsto de ejecución de 900 días.
La intervención contempla los tramos III, IV y V del colector, una obra de control y derivación hacia el Canal Solalique y trabajos sobre un tramo del arroyo Durán.
El objetivo es aumentar la capacidad del sistema para recibir y conducir el volumen de agua superficial que se concentra durante tormentas intensas y garantizar su descarga hacia el arroyo Durán.
La apertura de ofertas está prevista para el 17 de noviembre de 2026.
No se trata solamente de hacer canales
La adaptación de una ciudad frente a eventos meteorológicos intensos no depende de una única obra.
Los sistemas de drenaje y los colectores son parte de la respuesta, pero también intervienen la planificación urbana, la conservación de áreas capaces de absorber o contener agua, el mantenimiento de canales y desagües, el monitoreo meteorológico y la gestión del riesgo.
En Neuquén, las bardas, los humedales urbanos y las cuencas naturales no son solamente parte del paisaje: también cumplen funciones dentro del funcionamiento ambiental de la ciudad.
Por eso, ocupar o modificar esos espacios sin contemplar cómo circula naturalmente el agua puede aumentar la vulnerabilidad frente a una tormenta.
Prepararse antes de que llueva
Las alertas meteorológicas de estos días vuelven a mostrar que la gestión del agua no empieza cuando una calle se inunda.
Empieza mucho antes.
Conocer las cuencas, ordenar el crecimiento urbano, conservar espacios naturales estratégicos, dimensionar correctamente la infraestructura y anticipar escenarios de precipitaciones intensas son herramientas que permiten reducir el riesgo.
La ampliación del Colector Pluvioaluvional del Oeste representa una de esas respuestas. Pero el desafío es más amplio: pensar cómo debe crecer Neuquén en un territorio donde el agua, aunque aparezca de manera irregular, siempre termina buscando su camino.
Fuentes principales: Gobierno de la Provincia del Neuquén; Servicio Meteorológico Nacional; Municipalidad de Neuquén; Universidad Nacional del Comahue.


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