
Piedra del Águila: cómo se controla el impacto ambiental de la producción de truchas
RedacciónUna actividad que crece sobre un recurso compartido
El embalse Piedra del Águila no es solamente una pieza fundamental del sistema hidroeléctrico del río Limay. Sus aguas también forman parte de una actividad que viene ganando importancia económica en la región: la producción de trucha arcoíris en jaulas flotantes.
Ese crecimiento obliga a mirar simultáneamente dos dimensiones: el potencial productivo de la acuicultura y la capacidad del ambiente para sostenerla.
En junio, los gobiernos de Neuquén y Río Negro informaron que los sistemas de Alicurá y Piedra del Águila concentran aproximadamente el 82% de la producción acuícola nacional. Según los datos oficiales difundidos entonces, la producción regional de trucha se encontraba entre las 13.000 y 15.000 toneladas anuales, con perspectivas de alcanzar las 20.000 toneladas en los próximos años.
El crecimiento, sin embargo, requiere controles. Y durante las últimas semanas las dos provincias realizaron inspecciones relacionadas con uno de los establecimientos instalados en Piedra del Águila.
Las jaulas fueron trasladadas varios kilómetros
El 25 de agosto, personal de la Subsecretaría de Recursos Hídricos de Neuquén inspeccionó el traslado y la instalación de estructuras utilizadas para criar truchas.
Los técnicos verificaron el nuevo emplazamiento del sistema de jaulas, las condiciones de instalación de las estructuras flotantes y su sistema de sujeción. El Gobierno neuquino presentó la intervención como parte del seguimiento de las actividades productivas que utilizan el recurso hídrico provincial.
Días después hubo otra inspección.
El 4 de septiembre, la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático de Río Negro informó una recorrida conjunta con el Departamento Provincial de Aguas (DPA) y la Dirección de Acuicultura.
En ese caso, los técnicos constataron la reubicación de un tren de jaulas a unos ocho kilómetros de su emplazamiento original. La autoridad rionegrina señaló que la rotación y el movimiento de estas estructuras forman parte del manejo de la actividad acuícola y tienen como objetivo contribuir al cuidado de la calidad del agua.
Las comunicaciones oficiales presentan una pequeña diferencia respecto de la distancia: Neuquén informó previamente que el nuevo tren de jaulas estaba aproximadamente a siete kilómetros del sitio original, mientras que Río Negro posteriormente indicó unos ocho kilómetros. Por eso, resulta más preciso hablar de una reubicación de aproximadamente 7 a 8 kilómetros.
¿Por qué importa mover las jaulas?
La cría intensiva de peces introduce materia orgánica y nutrientes al ambiente principalmente a través del alimento no consumido y los desechos producidos por los propios peces.
Por eso uno de los conceptos centrales para determinar cuánto puede crecer esta actividad es la denominada capacidad de carga.
Investigadores del Grupo de Calidad de Aguas y Recursos Acuáticos del INIBIOMA —instituto dependiente del CONICET y la Universidad Nacional del Comahue— han trabajado junto con la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas (AIC) en la actualización de esa capacidad para Piedra del Águila.
En términos sencillos, se busca determinar cuánta producción puede soportar el embalse sin modificar significativamente sus condiciones ambientales.
Los estudios tomaron como punto de partida una característica especialmente valiosa de Piedra del Águila: la baja concentración de nutrientes de sus aguas, condición conocida técnicamente como estado oligotrófico.
El desafío es conservarla.
Los investigadores advirtieron que, como ocurre con otras actividades productivas, la cría intensiva de salmónidos genera impactos y que, sin regulación y control adecuados, estos podrían afectar la calidad del agua tanto en Piedra del Águila como en embalses ubicados aguas abajo.
Estudios de impacto, auditorías y monitoreo
La inspección de las jaulas es solamente una parte del sistema de control.
En territorio rionegrino, la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático interviene como autoridad ambiental mediante estudios de impacto ambiental y auditorías ambientales que deben presentar los proyectos productivos.
A eso se suma el seguimiento del agua.
Los trabajos realizados por investigadores del INIBIOMA y la AIC utilizaron información hidrometeorológica y de calidad de agua obtenida a través de los planes de monitoreo que se desarrollan en los embalses de la cuenca.
También existe una dimensión sanitaria. Una resolución de SENASA publicada en 2026 establece para los establecimientos acuícolas medidas que incluyen el monitoreo de parámetros de calidad del agua —como oxígeno disuelto, pH y temperatura—, la inspección de las estructuras para prevenir escapes y procedimientos específicos para el manejo de peces muertos.
Son controles diferentes, pero relacionados: ambientales, hídricos, productivos y sanitarios.
Producción y ambiente: el equilibrio que deberá sostenerse
La acuicultura aparece en las políticas productivas de Neuquén y Río Negro como una actividad con posibilidades de crecimiento, generación de empleo y proyección comercial. Ambas provincias vienen trabajando en una estrategia conjunta para los embalses compartidos.
Pero el potencial productivo no elimina el condicionante ambiental.
Si aumenta la cantidad de peces cultivados, también aumenta la necesidad de conocer cuánto puede soportar cada ambiente, controlar las instalaciones y seguir la evolución de la calidad del agua.
Por eso, más que preguntarse si la acuicultura tiene o no impacto, la cuestión central en Piedra del Águila es otra: qué nivel de producción puede desarrollarse sin alterar significativamente las condiciones que hacen posible la actividad en primer lugar.
Las inspecciones recientes muestran una parte visible de ese proceso. La prueba más importante estará en el seguimiento sostenido de los indicadores ambientales a medida que la producción continúe creciendo.
Fuentes


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