
Qué provocó el devastador colapso en el Himalaya: nuevas evidencias apuntan al retroceso del hielo y el deshielo del permafrost
RedacciónNo fue simplemente una inundación
Lo ocurrido el 26 de agosto de 2026 en el Himalaya fue mucho más complejo que una crecida repentina.
El episodio comenzó a gran altura, cuando una enorme masa de roca y hielo se desprendió en el sector de Langtang Lirung, en Nepal, cerca de la frontera con China. A partir de allí se produjo una verdadera cascada de procesos: el material descendió por la montaña, incorporó sedimentos y agua y terminó transformándose en un flujo destructivo que avanzó por los valles aguas abajo.
Una reconstrucción científica publicada recientemente describe precisamente esa secuencia: colapso de roca y hielo → flujo de escombros → inundación. El fenómeno recorrió decenas de kilómetros y afectó tanto territorio nepalí como la zona fronteriza tibetana.
La velocidad explica parte de la magnitud del desastre. El análisis difundido este jueves por World Weather Attribution (WWA) señala que una pared de agua, hielo, roca y sedimentos llegó a la frontera de Rasuwagadhi, unos 22 kilómetros aguas abajo, en apenas siete minutos, con una velocidad media estimada en 188 kilómetros por hora.
Las consecuencias humanas fueron enormes. Al 14 de septiembre, las autoridades nepalíes reportaban más de 1.300 muertes confirmadas y más de 5.000 personas desaparecidas, mientras continuaban las tareas de búsqueda y recuperación.
La pregunta que quedó después del desastre
Desde el momento del colapso comenzó otra tarea: entender qué pudo hacer que una porción de una montaña de semejante magnitud perdiera estabilidad.
La respuesta que surge de las investigaciones no apunta a un único desencadenante.
El análisis rápido realizado por científicos de World Weather Attribution describe lo ocurrido como una “crisis compuesta” en la que interactuaron procesos climáticos y geológicos durante diferentes escalas de tiempo.
Entre ellos aparecen el retroceso y adelgazamiento de los glaciares, el descongelamiento del permafrost de montaña, la presencia de fracturas en la roca, cambios en la disponibilidad de agua y una historia geológica que ya había debilitado sectores de la montaña.
Incluso el gran terremoto que golpeó Nepal en 2015 aparece entre los factores que los investigadores consideran capaces de haber dejado fracturas y sectores debilitados, aunque determinar cuánto influyó cada mecanismo continúa siendo objeto de investigación.
El hielo que no vemos también sostiene las montañas
Uno de los aspectos más interesantes del nuevo análisis está debajo de la superficie.
En las grandes alturas del Himalaya existe permafrost, es decir, suelo y roca que permanecen congelados durante períodos prolongados. Parte del agua presente en grietas y fracturas también permanece convertida en hielo.
Ese hielo puede contribuir a mantener unidas determinadas estructuras rocosas.
Cuando las temperaturas aumentan y el permafrost comienza a degradarse, el hielo contenido en esas fracturas puede descongelarse. La pérdida de ese “cemento” natural no significa que una montaña vaya automáticamente a derrumbarse, pero puede reducir la estabilidad de laderas que ya presentan condiciones geológicas favorables para un desprendimiento.
Por eso los científicos son cuidadosos: el calentamiento no se presenta como una causa única y directa del colapso, sino como un factor que fue modificando las condiciones de fondo sobre las que finalmente ocurrió el desastre.
Glaciares cada vez más delgados
El segundo proceso ocurre a simple vista.
Los glaciares del Himalaya vienen perdiendo masa y retrocediendo. Al hacerlo, dejan expuestas paredes de roca que anteriormente estaban cubiertas o sostenidas parcialmente por el hielo.
El análisis de WWA señala que los glaciares de la región vienen adelgazándose aproximadamente medio metro por año desde comienzos de este siglo.
Ese cambio modifica la distribución de fuerzas sobre las laderas y puede exponer nuevas superficies a la lluvia, el deshielo y los cambios de temperatura.
A esto se sumó un dato excepcional: julio y agosto de 2026 fueron los meses más cálidos registrados localmente en la zona estudiada. El análisis estima además que las temperaturas de esos meses fueron alrededor de 1,5 °C superiores a las que habrían ocurrido sin la influencia humana sobre el clima.
Una montaña puede tardar décadas en volverse inestable
Esta es quizá la principal conclusión científica que deja el episodio.
Un desastre puede ocurrir en cuestión de minutos, pero las condiciones que lo hacen posible pueden acumularse durante décadas.
Retrocede un glaciar. Se pierde espesor de hielo. El permafrost se degrada. Se infiltra agua en nuevas fracturas. La roca experimenta ciclos de congelamiento y descongelamiento. Y todo eso ocurre sobre una montaña cuya estructura también está condicionada por terremotos y procesos geológicos naturales.
En algún momento, una combinación determinada puede superar el límite de estabilidad.
Por eso atribuir este tipo de acontecimientos es mucho más difícil que analizar una ola de calor o una precipitación extrema. Los propios investigadores reconocen que no es posible determinar con precisión cuánto aportó cada uno de los factores al desprendimiento inicial.
Lo que sí concluyen es que el calentamiento creó condiciones que hicieron más probable la inestabilidad mediante el adelgazamiento de los glaciares, el descongelamiento del permafrost y otros cambios en el paisaje de alta montaña.
Un desafío nuevo para vigilar las grandes montañas
El desastre también dejó expuesto otro problema: no todos estos colapsos pueden anticiparse con suficiente tiempo.
Un trabajo publicado el 12 de septiembre en npj Natural Hazards señala que la ciencia puede mejorar el monitoreo de las zonas de origen, la detección de eventos y los sistemas de alerta, pero no necesariamente predecir cada desprendimiento. El episodio mostró además la dificultad adicional de los riesgos que atraviesan fronteras nacionales en cuestión de minutos.
En este caso, la cadena de procesos pasó rápidamente de un fenómeno localizado en una ladera de alta montaña a un desastre capaz de afectar poblaciones e infraestructura muchos kilómetros aguas abajo.
El Himalaya se convierte así en un enorme laboratorio natural —y al mismo tiempo en una región extremadamente vulnerable— para comprender cómo interactúan glaciares, permafrost, geología, agua y temperaturas crecientes.
El colapso de agosto no puede explicarse con una sola causa. Pero la evidencia que empieza a surgir muestra algo más complejo: mientras el clima transforma lentamente las montañas más altas del planeta, también pueden cambiar las condiciones que determinan su estabilidad.
Fuentes:
World Weather Attribution — análisis científico publicado el 17 de septiembre
Journal of Mountain Science — reconstrucción multifuente del desastre
npj Natural Hazards — análisis sobre monitoreo y alerta transfronteriza
Newcastle University — investigadores participantes del estudio de WWA


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