
La arena, el recurso más extraído del planeta, está en el centro de una crisis ambiental silenciosa
RedacciónEs el material sólido más extraído del planeta. Está en el cemento de los edificios, en el vidrio de las ventanas y los teléfonos, en el asfalto de las rutas y en los muros costeros que contienen el avance del mar. Sin arena no hay ciudad moderna, ni infraestructura de energía renovable, ni adaptación climática posible. Pero ese mismo recurso que sostiene el desarrollo humano está siendo consumido a una velocidad que amenaza los sistemas naturales de los que depende la vida.
Un informe publicado esta semana por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) traza por primera vez un diagnóstico integral de la crisis global de la arena. Sus conclusiones son contundentes: la incesante extracción está desestabilizando silenciosamente ríos, erosionando costas, dañando la biodiversidad y amenazando los mismos ecosistemas que protegen a las comunidades frente a los impactos del cambio climático.
Un recurso que creíamos infinito
Durante décadas, la arena fue tratada como un bien barato, abundante y casi inagotable. Esa percepción está cambiando. La demanda mundial se triplicó entre 2000 y 2020, impulsada principalmente por la urbanización y el crecimiento de la infraestructura, y cada año se extraen alrededor de 50.000 millones de toneladas.
Para hacer comprensible esa cifra, Pascal Peduzzi, director del centro de datos ambientales del PNUMA y una de las voces centrales del informe, recurrió a una imagen: 50.000 millones de toneladas serían suficientes para construir cada año un muro de 27 metros de alto y 27 metros de ancho alrededor de toda la línea ecuatorial.
La escala de la extracción ha llegado a un punto sin precedentes históricos. Para 2020, el peso total de los materiales construidos por la humanidad superó el peso de toda la biomasa viva del planeta. "La infraestructura humana pesa más que la de la naturaleza", señaló Peduzzi.
Arena viva y arena muerta
El informe introduce una distinción que resulta clave para entender el problema: la diferencia entre arena "viva" y arena "muerta". Una vez convertida en concreto o asfalto, la arena queda eliminada permanentemente de los sistemas naturales. Pero cuando permanece en ríos y ecosistemas costeros, continúa regulando flujos de agua, amortiguando el impacto de las olas y sosteniendo biodiversidad.
"Ese es el dilema", resumió Peduzzi. "Queremos la arena viva y muerta."
La paradoja se agudiza porque gran parte de la infraestructura que los países construyen para adaptarse al cambio climático —muros costeros, playas artificiales, puertos, barreras contra inundaciones— requiere enormes cantidades de arena. Pero extraerla en exceso de ríos, deltas y costas puede debilitar precisamente los ecosistemas que protegen naturalmente a esas mismas comunidades frente a tormentas, erosión e intrusión salina.
Ríos que se hunden, playas que desaparecen
Las consecuencias ya son visibles en muchas partes del mundo. Los lechos de los ríos se profundizan, los deltas se hunden, las playas se reducen y los acuíferos costeros se vuelven cada vez más salinos.
Stephanie Chuah, coautora del informe, advierte que los investigadores apenas comienzan a dimensionar los impactos acumulativos sobre ecosistemas interconectados. "La arena no solo proporciona servicios ecosistémicos esenciales, sino que también está vinculada a la resiliencia climática, la seguridad alimentaria, la seguridad hídrica y la estabilidad de los suelos", explicó.
El informe documenta casos concretos en el Caribe. En Trinidad, la extracción ha destruido vegetación nativa importante para los polinizadores, mientras que en St. Kitts y Nevis la maquinaria pesada ha alterado zonas de anidación de tortugas marinas. En Jamaica, la pérdida de praderas marinas y sistemas coralinos ha acelerado la erosión de las playas, debilitando la protección natural frente a tormentas en zonas altamente dependientes del turismo.
Los ecosistemas de agua dulce también sufren las consecuencias. Los lechos arenosos y las llanuras de inundación sirven como zonas de alimentación y reproducción para peces, anfibios, reptiles y aves migratorias, mientras que las dunas y barras de arena ayudan a absorber la energía del oleaje y favorecen el crecimiento de manglares y pastos marinos.
Gobernar un recurso estratégico
El informe es también un llamado a los gobiernos a cambiar su enfoque. Muchos siguen tratando la arena como un simple material barato de construcción, en lugar de reconocerla como un recurso estratégico vinculado a la biodiversidad, la seguridad hídrica y la resiliencia climática.
Algunos países comienzan a dar pasos en esa dirección. En Colombia, el gobierno clasificó formalmente la arena, la grava y la arcilla como "minerales de interés estratégico" en 2023, una medida orientada a fortalecer la supervisión ambiental y mejorar la coordinación en un sector marcado con frecuencia por regulaciones fragmentadas y actividades extractivas informales. En Brasil, empresas mineras del estado de Minas Gerais avanzan en el uso de subproductos del procesamiento de minerales como sustituto de la arena natural, reduciendo la presión sobre ríos y costas.
Para mejorar el conocimiento del sector, investigadores del PNUMA desarrollaron una plataforma que utiliza datos satelitales e inteligencia artificial para rastrear embarcaciones de dragado marino y estimar cuánto sedimento se extrae a nivel global. Los resultados preliminares sugieren que alrededor del 15% de las actividades de dragado marino ocurre dentro de áreas marinas protegidas.
El organismo también pide abandonar criterios de contratación basados únicamente en el menor costo, que con frecuencia trasladan los daños ecológicos al largo plazo y a las comunidades más vulnerables.
Una nota local
La crisis global de la arena tiene también una dimensión local. En Neuquén, la arena de alta pureza —conocida como arena de fractura o frac sand— es un insumo indispensable para las operaciones de fractura hidráulica en Vaca Muerta, donde se inyecta junto con agua y aditivos químicos para mantener abiertos los canales por los que fluyen el petróleo y el gas. La creciente actividad en el yacimiento ha impulsado la búsqueda de fuentes de extracción locales, una presión adicional sobre los sistemas fluviales de la cuenca neuquina que el marco regulatorio provincial aún no aborda de manera integral.
Fuente: Noticias ONU, 12 de mayo de 2026. Artículo original disponible en https://news.un.org/es/story/2026/05/1541439. El informe completo del PNUMA, "Arena y sostenibilidad: un recurso esencial para la naturaleza y el desarrollo", está disponible en wedocs.unep.org.


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