
Vaca Muerta: el lado oscuro del boom energético
RedacciónMarzo de 2026 marcó un nuevo récord absoluto en Vaca Muerta: 2.616 etapas de fractura en un solo mes, el registro más alto desde que comenzó el desarrollo no convencional en la región. El primer trimestre del año cerró con 7.388 fracturas totales, un promedio mensual de 2.462 que supera cualquier inicio de año previo. Cada una de esas fracturas demanda 1.500 metros cúbicos de agua dulce y genera cientos de toneladas de residuos peligrosos. La pregunta que nadie quiere responder sigue siendo la misma: ¿a dónde va todo eso?
Los récords de producción se anuncian con orgullo. La factura ambiental, en cambio, se paga en silencio y con retraso.
2025: el año en que los números se dispararon
El año 2025 cerró como el período de mayor actividad desde que comenzó la explotación shale en la Cuenca Neuquina. Según los datos de la consultora NCS Multistage relevados por la Fundación Contactos Energéticos, se realizaron 23.896 etapas de fractura, un 34% más que en 2024 (que había registrado 17.814) y más del doble que en 2023. Desde 2016, Vaca Muerta acumuló casi 98.500 etapas en total, una marca que la industria festeja como un hito histórico.
El 2026 no tiene intenciones de desacelerar. Las proyecciones sectoriales calculan más de 28.000 etapas de fractura para este año, un nuevo salto del 22% sobre el récord anterior. El marzo reciente —con 2.616 fracturas— confirma que esa tendencia está en marcha.
YPF lidera ampliamente la actividad: en marzo de 2026 ejecutó 1.116 etapas, seguida por Vista con 281 y Pluspetrol con 224. En el segmento de servicios, Halliburton encabezó con 1.147 etapas, seguida por SLB, Calfrac, Tenaris y SPI.
El agua: 35.800 millones de litros consumidos solo en 2025
Cada etapa de fractura requiere en promedio 1.500 metros cúbicos de agua dulce y 250 toneladas de arena, inyectados a más de 10.000 PSI. Esa ecuación convierte a Vaca Muerta en uno de los mayores consumidores hídricos de la Patagonia.
Con las 23.896 etapas ejecutadas en 2025, el consumo real de agua de ese año se estima en torno a los 35.844 millones de litros — superando ampliamente la proyección de 31.698 millones elaborada en febrero de 2025 sobre la base del ritmo de enero. En 2024, el consumo confirmado había sido de 27.105 millones de litros. El crecimiento interanual es de alrededor del 32%.
Para 2026, con las 28.000 etapas proyectadas, el consumo hídrico podría trepar a 42.000 millones de litros: suficiente para abastecer de agua potable a la ciudad de Neuquén capital durante más de diez años.
Solo en el primer trimestre de 2026 —con 7.388 fracturas completadas— se inyectaron en el subsuelo neuquino aproximadamente 11.082 millones de litros de agua, ya contaminados con químicos y convertidos en flowback o en fluido permanente de formación.
La trayectoria de largo plazo es tan contundente como preocupante. En octubre de 2020, el consumo mensual rondaba los 5 millones de litros. Cinco años más tarde, esa cifra se multiplica por más de cincuenta en términos anuales, según el estudio conjunto de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCo y el Instituto Ambiental de Estocolmo (SEI). El agua viene principalmente de los ríos Neuquén, Limay y Colorado, cuencas sobre las que los investigadores advierten una tendencia sostenida de sequía y reducción de nevadas en la cordillera.
¿Qué pasa con el agua después de fracturar?
Entre el 20% y el 40% del fluido inyectado retorna a la superficie como flowback: una mezcla de agua, arena y hasta 400 compuestos químicos —incluyendo metales pesados, compuestos BTEX (benceno, tolueno, etilbenceno, xileno), hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAPs) y elementos radiactivos arrastrados desde el subsuelo—. El resto permanece en la formación.
Fuentes de la industria confirman que el agua contaminada que retorna se inyecta en pozos sumideros, perforaciones a más de 1.500 metros de profundidad en formaciones Centenario o Agrio. Las empresas están obligadas a mantener pozos de monitoreo para verificar la integridad de esas formaciones. La Subsecretaría de Recursos Hídricos de Neuquén no publicó informes de seguimiento actualizados al respecto.
Investigadores de la UNCo-SEI son directos: la información de la industria "es muy hermética" y existe dificultad concreta para acceder a datos específicos sobre el destino y tratamiento del agua contaminada. La tendencia climática en las cuencas del Limay, Neuquén y Negro, mientras tanto, apunta al agravamiento de la sequía.
Los residuos: una montaña que crece más rápido de lo que se trata
Si el agua es el insumo más invisible del fracking, los residuos son su factura más concreta. Y la industria la viene pagando tarde y mal.
El último informe ambiental público de YPF (2023) reconoce que la empresa generó 465.300 metros cúbicos de residuos industriales peligrosos en ese año: lodos de perforación, agua de producción, recortes contaminados, suelos empetrolados. Esa cifra equivale a más de 23.000 bateas de camión circulando por las rutas neuquinas, con los riesgos logísticos y ambientales que eso implica.
Según el Manifiesto Electrónico de Residuos Especiales (MERE) de la Subsecretaría de Ambiente de Neuquén —el único registro oficial sistemático, disponible desde 2021—, los residuos peligrosos de la actividad hidrocarburífera crecieron un 35,2% entre 2022 y 2023: de 756.230 a 1.022.290 metros cúbicos. Dentro de ese crecimiento, los residuos líquidos aumentaron un 119,9% y los sólidos un 66%. Y para el período 2022-2025, la estimación de crecimiento acumulado es del 71,87%.
Con el ritmo de actividad de 2025 —34% más de fracturas que en 2024— y el primer trimestre de 2026 superando todo registro anterior, los volúmenes de residuos peligrosos generados este año estarán a un nivel sin precedentes. No hay datos oficiales publicados todavía. Lo que sí es claro es que la capacidad de tratamiento no creció en la misma proporción.
El propio secretario de Ambiente de Neuquén, Santiago Nogueira, reconoció ante el medio Chequeado que "existe un desbalance entre la generación de residuos y su tratamiento debido al crecimiento de la producción". El Colegio de Profesionales de Ambiente de Neuquén fue más directo: "No hay que ser muy hábil para darse cuenta que el colapso ambiental es inminente".
El "cuello de botella" que nadie resuelve
La normativa que regula los residuos peligrosos data de los años 90 y fue diseñada para una escala de producción que no tiene nada que ver con la actual. En Añelo y sus alrededores, apenas cinco empresas concentran el tratamiento: Indarsa, Treater, Comarsa, SAN y Ecopolo. Todas operan al límite o en estado crítico.
La tecnología más avanzada disponible en la zona es la termomecánica TCC de Veolia en asociación con Treater, la única planta de este tipo en Latinoamérica. Puede tratar lo que generan hasta cinco pozos juntos: entre el 10% y el 20% de la producción total de residuos en la región. El resto se resuelve con pirólisis convencional o directamente con acumulación en canteras y rellenos de seguridad.
En septiembre de 2025, un estudio de la consultora Aleph Energy calculó que entre 2025 y 2040 el desarrollo de Vaca Muerta demandará de 72.303 metros cúbicos de agua por pozo y generará residuos en una escala que todavía no tiene respuesta regulatoria ni de infraestructura.
El caso Comarsa: de basurero a sala de audiencias, y de vuelta al limbo judicial
La causa Comarsa es el emblema de lo que ocurre cuando el sistema colapsa y la justicia no logra cerrar el círculo.
La Compañía de Saneamiento y Recuperación de Materiales S.A. (Comarsa) se instaló en 2014 en un predio del Parque Industrial de Neuquén. Contratada principalmente por YPF —con ingresos superiores a los $700 millones de pesos—, la empresa recibió residuos peligrosos por encima de su capacidad instalada, emitió certificados de tratamiento falsos y acumuló los desechos sin procesarlos durante años.
El resultado: más de 210.000 metros cúbicos de residuos peligrosos abandonados en el corazón de la ciudad de Neuquén, a 500 metros de barrios densamente poblados como 7 de Mayo, El Nido, Loteo Social y Cuenca XV. El único separador: un paredón de hormigón que el fiscal jefe Maximiliano Breide Obeid describió como "prácticamente caído". Los barros contienen BTEX, HAPs (naftaleno, fluoreno, fenantreno) y metales pesados como plomo, bario y mercurio.
A comienzos de 2024, la Fiscalía de Delitos Ambientales formalizó cargos contra el dueño y dos directivos de Comarsa por contaminación peligrosa para la salud pública y administración fraudulenta. La acusación fue taxativa: la empresa "simuló tratamientos que no realizó, cobró por ellos y distribuyó las ganancias mientras los residuos se acumulaban". La Fiscalía estimó que mover esos residuos requeriría 10.000 viajes de camión y costaría más de 7,35 millones de dólares.
En octubre de 2024, la Secretaría de Ambiente autorizó —por fuera de la causa penal— el traslado de los 210.000 metros cúbicos a la planta de Indarsa en Añelo, a razón de 17.500 m³ por bimestre. En el primer bimestre de ejecución, entre enero y febrero de 2025, la empresa transportó apenas 11.500 metros cúbicos: el 65% de lo pactado. La Secretaría de Ambiente no publicó información actualizada sobre el cumplimiento posterior.
En marzo de 2026, el juez de garantías Lucas Yancarelli dejó en suspenso el proceso judicial, haciendo lugar al pedido de los imputados: el dueño deberá retirar los residuos y abonar una suma de dinero a definir. El fiscal se retiró de la sala con visibles muestras de disconformidad. El público fue expulsado. Las querellas y la Fiscalía anunciaron que impugnarán la decisión. La causa que durante años fue señalada como la más importante del fuero ambiental neuquino podría quedar en la nada.
Anuncio en abril de 2024, resultado en mayo de 2025: el gobierno prometió, y nada cambió
En abril de 2024, el Ministerio de Energía y Recursos Naturales de Neuquén anunció una iniciativa para "transformar profundamente la gestión de residuos peligrosos", incluyendo el tratamiento in situ y la valorización de recortes de perforación como insumos viales. AESA, subsidiaria de YPF, ya había propuesto en 2023 reutilizar esos materiales como estabilizado granular en obras de pavimentación.
Un año después, en mayo de 2025, la propia NeuquénAmbiental publicó la evaluación: poco o nada había cambiado en los hechos. Los proyectos técnicamente viables continuaban paralizados en espera de autorizaciones que no llegaban. Las preguntas que quedaron sin respuesta siguen siendo las mismas: ¿por qué no se habilita el tratamiento in situ como se permite en Texas, Alberta o Noruega? ¿Por qué la normativa provincial de los años 90 no se actualiza frente a la escala de un megaproyecto del siglo XXI?
La respuesta, según análisis del sector, tiene una lógica económica brutal: el modelo actual —concentrado en pocos operadores de transporte, tratamiento y disposición final, con escasa fiscalización estatal— es rentable para quienes lo sostienen. Cambiar el sistema implica tocar intereses consolidados. La inacción tiene consecuencias concretas: más residuos acumulados, mayor riesgo ambiental, más judicialización y un rechazo social creciente en Añelo, Centenario y San Patricio del Chañar. Al menos tres causas penales en trámite en el fuero ambiental neuquino dan cuenta de ello.
2026: los números que vienen
El panorama para el resto del año es de escala sin precedentes. Con 28.000 fracturas proyectadas:
- 42.000 millones de litros de agua extraídos de los ríos neuquinos y luego contaminados.
- 7.000.000 de toneladas de arena para sostener las fracturas (482 camiones diarios solo para ese insumo).
- Residuos peligrosos en niveles aún sin cuantificar oficialmente, pero proporcionales a una actividad que en el primer trimestre ya superó todo registro anterior.
Y todo esto sobre un territorio cuya tendencia climática es de sequía creciente, con una normativa ambiental diseñada para otra época y una capacidad de tratamiento de residuos que, según el propio gobierno provincial, ya estaba al límite cuando la producción era un tercio de la actual.
El boom es real. Los dólares de las exportaciones, también. Pero los pasivos ambientales —el agua contaminada inyectada a 1.500 metros de profundidad, los 210.000 metros cúbicos de barros tóxicos junto a barrios obreros, las causas penales suspendidas por decisiones judiciales controvertidas— no aparecen en los balances de las empresas ni en los discursos oficiales.
Están, sin embargo, en el suelo, en el agua y en el aire de la Cuenca Neuquina. Y seguirán estando mucho tiempo después de que se extraiga el último barril.
Fuentes verificadas: NCS Multistage / Fundación Contactos Energéticos (informes mensuales 2025-2026); Subsecretaría de Ambiente de Neuquén (MERE 2022-2023); Reporte Ambiental YPF 2023; Fiscalía de Delitos Ambientales de Neuquén; Observatorio Petrolero Sur (OPSur); Chequeado (mayo 2024); iProfesional Energía (abril 2026); Estudio FaCA-UNCo / Instituto Ambiental de Estocolmo (SEI, diciembre 2023); Aleph Energy / Dinamicarg (septiembre 2025); Noticias Argentinas / ADN Río Negro (febrero 2025).


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