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title: "La contaminación y el cambio climático ya están enfermando a los niños: la advertencia de UNICEF y los riesgos que también enfrenta Argentina"
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description: "Un informe global de UNICEF vuelve a poner en el centro una evidencia incómoda: la crisis ambiental no es un problema del futuro, sino una amenaza sanitaria actual para millones de niños. Aire contaminado, agua insegura, plomo en sangre, sequías, inundaciones y pobreza alimentaria forman parte de una misma trama que golpea primero a quienes menos responsabilidad tienen: la infancia."
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category_description: "Explora todo sobre el cambio climático: causas, efectos y soluciones. Encuentra artículos, noticias y guías prácticas para entender cómo el calentamiento global afecta al planeta y qué puedes hacer para combatirlo. ¡Infórmate y actúa por un futuro sostenible!"
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# La contaminación y el cambio climático ya están enfermando a los niños: la advertencia de UNICEF y los riesgos que también enfrenta Argentina

**La crisis ambiental suele narrarse en tiempo futuro. Se habla de lo que ocurrirá si no se reducen las emisiones, si no se protegen los bosques, si no se garantiza el acceso al agua, si no se controla la contaminación industrial o urbana. Pero para millones de niños y niñas en el mundo, ese futuro ya llegó.**

El Informe Anual de UNICEF 2025 plantea una advertencia difícil de ignorar: los niños están creciendo en un mundo atravesado por crisis simultáneas, donde el cambio climático, la contaminación, los conflictos, la pobreza y el deterioro de los sistemas de protección social se combinan y amplifican sus efectos. La consecuencia no es abstracta. Se mide en enfermedades respiratorias, intoxicaciones, diarreas, desnutrición, retrasos en el desarrollo, ausentismo escolar, desplazamientos y muertes evitables.

UNICEF estima que casi 2.000 niños y niñas menores de cinco años mueren cada día por problemas de salud relacionados con riesgos climáticos, entre ellos la contaminación del aire. También señala que uno de cada tres niños en el mundo vive con niveles elevados de plomo en sangre, una exposición tóxica capaz de provocar daños neurológicos permanentes, afectar el aprendizaje, alterar la conducta y condicionar toda la vida adulta.

La infancia es el termómetro más sensible de la degradación ambiental. No porque los niños sean una categoría retórica útil para sensibilizar discursos públicos, sino porque sus cuerpos están en desarrollo, respiran más aire por kilo de peso que los adultos, consumen más agua y alimentos en proporción a su tamaño, tienen sistemas inmunológicos más vulnerables y dependen de decisiones que no toman. Cuando el ambiente se degrada, la salud infantil suele ser la primera en mostrarlo.

## Aire contaminado: respirar también puede enfermar

La contaminación del aire es una de las amenazas ambientales más extendidas y menos visibles. En las grandes ciudades, el tránsito, la quema de combustibles fósiles, las industrias, los basurales y las quemas a cielo abierto liberan material particulado y gases que ingresan al sistema respiratorio.

En los niños, esa exposición se vincula con mayor incidencia de asma, bronquitis, infecciones respiratorias, bajo peso al nacer y complicaciones en el desarrollo pulmonar. En contextos de pobreza, el problema se agrava: las viviendas suelen estar más expuestas a fuentes contaminantes, tienen peor ventilación, menor acceso a atención médica oportuna y mayores dificultades para sostener tratamientos.

El dato de UNICEF sobre las muertes diarias de menores de cinco años asociadas a riesgos climáticos y contaminación atmosférica obliga a mirar el problema de otro modo. No se trata solo de “calidad ambiental”. Se trata de salud pública infantil.

## Agua insegura, saneamiento deficiente y enfermedades evitables

El informe de UNICEF dedica un capítulo específico al acceso a agua, saneamiento e higiene. Aunque desde el año 2000 una parte importante de la población mundial logró acceder a servicios de agua potable gestionados de manera segura, en los países de menores ingresos aumentó el número de personas sin servicios básicos.

Cuando no hay agua segura, los niños quedan expuestos a diarreas, parasitosis, infecciones, enfermedades de la piel y cuadros de deshidratación. En la primera infancia, esas enfermedades pueden ser determinantes: una diarrea que en un adulto puede ser transitoria, en un niño pequeño malnutrido puede volverse grave o fatal.

El problema tampoco se limita al consumo directo. Sin agua segura no hay higiene adecuada, no hay condiciones sanitarias en escuelas, no hay salud menstrual digna para niñas y adolescentes, no hay prevención efectiva de infecciones en centros de salud.

UNICEF informó que en 2025 brindó acceso a servicios básicos de saneamiento a más de 17 millones de personas, agua potable a más de 34 millones y servicios básicos de higiene a más de 15 millones. También apoyó a más de 5.500 escuelas y 2.800 establecimientos de salud para alcanzar niveles básicos de agua, saneamiento e higiene.

La dimensión del esfuerzo muestra, al mismo tiempo, la dimensión del déficit.

## Plomo: el veneno silencioso que afecta el desarrollo

Entre los datos más duros del informe aparece la exposición infantil al plomo. UNICEF señala que uno de cada tres niños vive con niveles elevados de este metal pesado en sangre.

El plomo no necesita una gran catástrofe para hacer daño. Puede estar en suelos contaminados, residuos industriales, pinturas antiguas, cañerías, baterías, basurales, actividades mineras mal remediadas o zonas urbanas degradadas. Una vez en el organismo, afecta especialmente al sistema nervioso en desarrollo.

El problema es que muchas veces no produce síntomas inmediatos evidentes. El daño puede manifestarse años después como dificultades de aprendizaje, problemas de atención, menor rendimiento escolar, alteraciones de conducta o retrasos madurativos. En términos sociales, la intoxicación por plomo no solo enferma: también profundiza desigualdades.

Argentina conoce ese problema. La Cuenca Matanza-Riachuelo, Abra Pampa en Jujuy y San Antonio Oeste en Río Negro son ejemplos de territorios donde la contaminación por metales pesados dejó marcas ambientales y sanitarias persistentes. En algunos casos, estudios y organismos públicos detectaron niveles preocupantes de plomo en población infantil expuesta.

La pregunta de fondo es siempre la misma: cuánto tarda un Estado en reconocer que un pasivo ambiental también es una deuda sanitaria.

## Cambio climático: cuando la emergencia entra por la escuela, la mesa y el cuerpo

El cambio climático no afecta a la infancia por una sola vía. Lo hace por muchas al mismo tiempo.

Una sequía puede reducir la disponibilidad de agua, deteriorar la producción de alimentos, encarecer la comida, aumentar la malnutrición y obligar a familias rurales a desplazarse. Una inundación puede destruir viviendas, contaminar pozos, interrumpir clases, provocar brotes de enfermedades y dejar a comunidades enteras sin infraestructura básica. Una ola de calor puede descompensar a niños pequeños, afectar el sueño, reducir la capacidad de aprendizaje y agravar enfermedades preexistentes.

UNICEF señala que las crisis climáticas ya socavan derechos en América Latina y el Caribe. En 2025, la organización debió responder a emergencias en la región, como el huracán Melissa, con asistencia para Cuba, Haití y Jamaica. Pero el fenómeno no se limita al Caribe. El norte argentino, el Litoral, el área metropolitana y la Patagonia también enfrentan expresiones concretas de esta crisis: inundaciones, sequías, incendios, olas de calor, pérdida de biodiversidad, presión sobre fuentes de agua y deterioro de condiciones de vida.

El clima no golpea a todos por igual. Un niño que vive en una casa precaria, sin acceso regular a agua potable, con mala alimentación y lejos de un centro de salud, no enfrenta una ola de calor del mismo modo que un niño con vivienda climatizada, obra social y alimentación suficiente.

La crisis climática es ambiental, pero también es social.

## Argentina: una agenda ambiental infantil todavía subestimada

En Argentina, UNICEF ya había advertido que más de 2,7 millones de niños, niñas y adolescentes están en riesgo por contaminación, deforestación y cambio climático. Ese dato debería ser suficiente para instalar una agenda pública específica: salud ambiental infantil.

Sin embargo, el país suele abordar estos temas de manera fragmentada. La contaminación industrial aparece como un expediente judicial. La falta de agua segura, como una emergencia social. La deforestación, como una discusión productiva. Las olas de calor, como una cuestión meteorológica. La exposición a tóxicos, como un asunto sanitario aislado. Pero en la vida de un niño vulnerable, todo ocurre junto.

En comunidades del norte argentino, especialmente en zonas indígenas del Chaco salteño, Formosa y Chaco, la falta de acceso regular a agua segura se combina con pobreza estructural, problemas nutricionales, barreras de acceso a la salud y pérdida de condiciones ambientales tradicionales para la subsistencia. Allí, la crisis ambiental no es una consigna: es el pozo seco, el alimento insuficiente, el camino cortado, la escuela que no puede funcionar normalmente.

En áreas urbanas, la exposición a basurales, cursos de agua contaminados, industrias, tránsito intenso y viviendas precarias configura otro mapa de riesgo. En zonas mineras o con pasivos industriales, la pregunta por los metales pesados sigue siendo central. Y en territorios hidrocarburíferos, como Neuquén, el crecimiento productivo exige controles ambientales rigurosos, transparentes y sostenidos para evitar que el desarrollo económico traslade costos invisibles sobre las comunidades.

## Neuquén y la Patagonia: desarrollo, ambiente y salud pública

La Patagonia suele ser presentada como territorio de recursos: energía, agua, gas, petróleo, viento, minerales, turismo, paisaje. Pero también debe ser pensada como territorio de infancias.

En Neuquén, la expansión de Vaca Muerta transformó la economía provincial y nacional. También multiplicó la presión sobre infraestructura, vivienda, rutas, residuos, agua, controles ambientales y servicios públicos. El debate serio no consiste en negar la importancia económica de la actividad hidrocarburífera ni en reducir toda discusión ambiental a una consigna. Consiste en asumir que ningún modelo de desarrollo puede considerarse exitoso si no mide con precisión sus impactos sobre la salud de la población, especialmente de los niños.

La gestión de residuos industriales, la calidad del aire, la disponibilidad de agua, la remediación de pasivos, la planificación urbana de localidades que crecen aceleradamente y el acceso a servicios básicos son parte de una misma matriz. En territorios donde la actividad económica avanza más rápido que la infraestructura estatal, el riesgo no siempre aparece como desastre visible. A veces aparece como acumulación: más polvo, más tránsito pesado, más presión sobre centros de salud, más basurales, más barrios sin servicios suficientes, más exposición cotidiana.

Para una provincia que se proyecta como motor energético del país, la salud ambiental infantil debería ser un indicador estratégico, no un tema periférico.

## La pobreza multiplica el daño ambiental

UNICEF insiste en un punto clave: los impactos ambientales no se distribuyen de manera equitativa. Los niños pobres, indígenas, migrantes, desplazados, con discapacidad o habitantes de zonas rurales y periferias urbanas suelen estar más expuestos y menos protegidos.

La pobreza no solo implica menos ingresos. También significa vivir más cerca de fuentes contaminantes, tener menos capacidad de mudarse, depender de servicios públicos deteriorados, acceder tarde al diagnóstico médico, recibir peor alimentación y contar con menos herramientas para reclamar.

Por eso, hablar de ambiente sin hablar de desigualdad es mirar solo una parte del problema. Y hablar de infancia sin hablar de ambiente es desconocer una de las causas crecientes de enfermedad, exclusión y pérdida de oportunidades.

## Una política ambiental pensada desde los niños

El informe de UNICEF no se limita a diagnosticar. También muestra líneas de acción: agua segura, saneamiento, higiene, energías renovables, adaptación climática, reducción de riesgos de desastre, sistemas de datos, políticas públicas con enfoque de infancia y financiamiento sostenido.

La clave está en cambiar la pregunta. No alcanza con evaluar si una obra, una industria, una urbanización o una política pública cumplen requisitos administrativos. Hay que preguntar cómo afectan la vida cotidiana de los niños: qué respiran, qué agua toman, dónde juegan, qué comen, cómo llegan a la escuela, qué riesgos atraviesan sus barrios, qué enfermedades se repiten, qué controles existen y quién responde cuando el daño ya ocurrió.

Una política ambiental con enfoque de infancia debería incluir monitoreos públicos de calidad de aire y agua, mapas de riesgo sanitario, controles de metales pesados en zonas vulnerables, escuelas seguras frente a eventos climáticos, acceso universal a agua y saneamiento, remediación efectiva de pasivos ambientales y participación comunitaria real.

También exige información clara. Sin datos, no hay política pública seria. Sin transparencia, no hay confianza. Sin control estatal, el ambiente queda librado a la capacidad de presión de cada comunidad.

## La deuda más injusta

Los niños no deciden el modelo energético, no desmontan bosques, no autorizan industrias, no diseñan ciudades, no fijan presupuestos, no contaminan ríos ni postergan obras de saneamiento. Sin embargo, son quienes cargan con una parte desproporcionada de las consecuencias.

Esa es la injusticia central que deja al descubierto UNICEF: la crisis ambiental se escribe muchas veces con decisiones adultas, pero se paga con cuerpos infantiles.

El desafío para el mundo, para Argentina y para Neuquén no es declamar preocupación por las próximas generaciones. Es proteger a esta generación. A los chicos que hoy respiran aire contaminado, toman agua insegura, viven cerca de residuos tóxicos, soportan olas de calor en viviendas precarias o ven interrumpida su escolaridad por inundaciones, sequías y emergencias.

La crisis ambiental ya no puede ser tratada como un asunto separado de la salud pública. Y la salud infantil ya no puede pensarse sin mirar el ambiente.

Fuente principal: Informe Anual de UNICEF 2025. Información complementaria: UNICEF Argentina y documentos públicos sobre niñez, ambiente, cambio climático, agua, saneamiento y contaminación en Argentina.

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